EKI EDER
Parece que algo quisiera impedirnos alcanzar nuestros objetivos mendizales. Llevamos una racha con el tiempo que no es normal. Los pronósticos para el próximo fin de semana tampoco prometen. Se hecha en falta un poco de solete, para ponernos morenos y haber si así ligamos algo.
La última excursión la hicimos Antxón y yo. Destino: Peña Izaga y sus compañeras Gambella y Santa Ágata. A pesar de los pronósticos nos animamos (cosa que deberíamos hacer siempre, ya que nunca sabes lo que te vas a encontrar, muchas veces os sorprenderíais) y pusimos rumbo hacia el pueblo de Aginaga.
La niebla deambulaba entre el pueblo y la montaña, dando al lugar un ambiente de película de los Monsters. Como unos campeones atacamos sin compasión la maraña de senderos que intentaban confundir al humilde montañero, saliendo airosos cual GPS con patas. El oscuro robledal se encontraba un tanto pelado debido a la crudeza del invierno, y un fino manto blanco cubría ramas y rocas.
Una vez en la ermita, descubrimos que el sol había conseguido ganar un poco de tiempo a la tormenta que amenazaba. Conforme enfilábamos la cumbre aparecían nuevas vistas del Pirineo. Pero, los que se quedaron en casa no las vieron. (1)
En la cima observamos cómo la cosa se ponía fea, las nubes cada vez más negras y el sol con menos fuerza. Allí quedaban Gambella y Santa Ágata, para otra ocasión.
El descenso fue rápido y acertado, al llegar al coche empezaron a descargar las nubes. Otros no tendrían tanta suerte, pues nos cruzamos con muchos que comenzaban andar entonces (suerte que madrugamos).
Como ya he dicho, el tiempo parece que no va a mejorar, de momento. Y las témporas auguran una primavera lluviosa. De todas formas, intentaremos aprovechar los pequeños espacios de luz que nos concedan para patearnos nuestras montañas, tomar el fresco. Y por supuesto, descubrir ese mundo megalítico que tanto nos atrae.
Joxe Xabier
_______________________________________________
(1): Nota del traductor. Editado de: “y con forme enfilábamos la cumbre, se iban abriendo unas vistas sobre el Pirineo, que no iban a ver los que se quedaron en casa.”


