Diciembre 31, 2005

Manifiesto de honestidad montañera

Archivado en: nuestras aventuras

Kaixo cuadrilla. Escribo este, mi primer artículo, para intentar hacer mella en nuestro entorno, sobre la posibilidad de dedicar un día a la semana a conocer nuestra geografía.

Euskal Herria es una tierra maravillosa, con numerosos secretos, leyendas y un sinfín de rincones bucólicos. Aquí vivimos, y no podemos pasar por la vida sin conocer o sin haber visto la inmensa selva de Irati, las amplias campas de Aralar, los recovecos de Urbasa, las mágicas laderas de Amboto - habitadas por la Dama-, la impenetrable vida de la foz de Arbayún, las verticales agujas de Ansabere, los apoteósicos desplomes de Lakartxela, las vertiginosas laderas de las Mailoas, los salvajes acantilados de Biarritz, - donde aguardaban mujeres e hijos el regreso de los barcos pesqueros-, la más que histórica sierra de Toloño, el torreón de Urkulu, - altiva atalaya cuyas piedras han visto desfilar cientos de ejércitos…-, y tantos sitios que se podrían nombrar, pero no describir con simples palabras.

Todo esto está a la vuelta de la esquina, a pocos kilómetros de nuestra casa. Muchos soñamos con conocer mundo, visitar nuevas tierras, nuevas culturas, pero… No olvidemos la nuestra, tan hermosa como olvidada.

Un pensamiento habitual es considerar que todo esto es muy bonito, pero que somos jóvenes y ahora hay que salir y desfasar. Me parece una opción respetable, es más, ahora es cuando podemos y hay que aprovechar.

Pero tener en cuenta, que para hacer todo esto que propongo también pasa el tiempo. Y que siendo joven, se puede disfrutar el doble, y por supuesto, estando en forma, la vida se te hace más fácil. Sin contar el aporte de oxígeno que supone para afrontar la semana, (un lunes después de un fin de semana de farra continua se puede hacer más cuesta arriba que cualquier repecho en la montaña).

Considero que no hay que radicalizar esto, se puede hacer todo en esta vida, si sabes como montártelo. Se puede salir de bares, y también ir al monte, no son cosas incompatibles.

Después, a unos nos gusta más ir al monte y a otros menos, es lógico. Unos tenemos más costumbre, más fondo, y otros menos. Es normal, todos somos diferentes, pero eso no nos tiene que echar a atrás. No es tanto el esfuerzo, y además intentaremos hacer salidas asequibles para todo el mundo, no somos unos “Otxoas de Olza”.

Otro de mis argumentos para animar a la gente a apuntarse a este proyecto, es que la cuadrilla cada vez está más separada, (como, por otra parte, me parece normal) y cada vez nos vemos menos, hablamos menos y es un poco triste. El único momento que tenemos para juntarnos todos es cuando nos vamos de farra o hacemos cenas. Y, seamos realistas, de ciego por los bares, no es la mejor situación para comunicarse, contarse los problemas… El alcohol hace que todo se magnifique, que, muchas veces no enfademos sin motivos y soltemos las cosas bruscamente y sin pensar, para desahogarnos de nuestras tensiones.

El ir de vez en cuando al monte con los amigos, puede ser una forma de relajare, hablar, pensar las cosas desde otros puntos de vista y de alguna manera vivir nuevas experiencias y aventuras juntos.

Y por supuesto, conocer esta tierra en la que vivimos, a las gentes que la habitan y su forma de vivir. Esto, no pretende ser una crítica, ya me conocéis, es solo una invitación honesta.

Javier Perez